De acuerdo a lo publicado por El Mundo, fue en Cuba en 1994 cuando Chávez se sentía honrado de conocer a Castro y en 2004 afirmó que era «hijo suyo».
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SUSCRIBITEDe acuerdo a lo publicado por El Mundo, fue en Cuba en 1994 cuando Chávez se sentía honrado de conocer a Castro y en 2004 afirmó que era «hijo suyo».
El Mundo cita aquellas palabras de Chávez, «Por Cuba lloramos, por Cuba peleamos, y por Cuba estamos dispuestos a morir peleando…» y afirma el medio que, tras eso, «llegó la invasión; y después, la ruina».
La invasión consentida -continúa El Mundo- se titula el libro que se publica este jueves en España y que relata el absurdo amorío entre la Venezuela chavista y la Cuba castrista, y en gran medida es la cronología de cómo el país más próspero de Iberoamérica se fue a pique en poco más de una década.
«Es también el relato de cómo Chávez se convirtió en el mecenas que la Unión Soviética había sido para la isla durante décadas. Y, así, es la historia de cómo Chávez transformó Venezuela en otro de los teatros de la Guerra Fría, como antes lo fueron Angola, Bolivia, Vietnam o Afganistán. Pero su ruinoso teatro fue anacrónico, porque la Guerra Fría había terminado ya».
Según la información recopilada por El Mundo, el libro es el resumen de una colección de reportajes de investigación que argumentan con datos cómo Fidel Castro empezó a conseguir petrodólares del chavismo hasta el punto de permitirse revenderlo años más tarde. También refleja como a cambio de miles de millones de dólares, Fidel enviaba «misiones humanitarias» a Venezuela, un país muchas veces más rico, más grande y más poblado que Cuba.
«El intercambio comercial de Venezuela y Cuba pasó de 912 millones de dólares en 2000, cuando desplazó a España como primer socio comercial de La Habana, a 13.000 millones en 2010», añade Maldonado.
«Cuba ha obtenido tantos recursos del país que se dio el gusto de exportar petróleo venezolano en 2014».
La obra también expone que, como consecuencia de esa «canibalización», los proyectos cubanos mermaron los servicios esenciales del país, fagocitaron la burocracia y la administración, exportaron las peores y más represoras costumbres del castrismo y enseñaron a lavar millones de cerebros.
FUENTE: Dolar Today
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