Pero tras los terremotos del 24 de junio, esa narrativa quedó golpeada. En zonas como La Guaira, Catia La Mar, Caraballeda y Los Corales, decenas de edificios colapsaron o quedaron severamente dañados, dejando al descubierto una vulnerabilidad estructural que expertos ya comienzan a asociar con mala planificación, construcciones aceleradas, materiales deficientes y falta de adaptación sísmica.
Los balances más recientes elevan la cifra de fallecidos por encima de los 1.430 muertos, mientras los heridos, desaparecidos y damnificados siguen aumentando.
La tragedia golpeó con especial fuerza a sectores residenciales densamente poblados, muchos de ellos ubicados sobre suelos blandos, laderas inestables o zonas costeras vulnerables.
filedc249efbadc211ecc773b3a212bca61c
Trabajadores de rescate buscan entre los escombros de un edificio derruido tras un sismo, el jueves 25 de junio de 2026, en Caracas, Venezuela. (AP Foto/Ariana Cubillos)
AP
Catia La Mar: un tercio de las estructuras dañadas
Uno de los datos más alarmantes fue detectado mediante análisis satelital.
El laboratorio AI for Good de Microsoft examinó imágenes de Catia La Mar, una de las ciudades más afectadas en La Guaira, y estimó que alrededor de un tercio de sus casi 30.000 estructuras resultaron dañadas.
La magnitud de la destrucción confirma que no se trató únicamente de un evento sísmico severo. También expone un problema acumulado durante años: viviendas y edificios que no estaban preparados para soportar movimientos de gran intensidad.
file999dad1a76198655e91f6f014aa483e9
Una mujer pasa junto a un edificio dañado durante un terremoto en La Guaira, Venezuela, el jueves 25 de junio de 2026. (AP Foto/Pedro Mattey)
AP
Expertos apuntan a construcciones rápidas y de baja calidad
Ingenieros consultados por medios internacionales señalaron varios factores detrás de los colapsos.
Entre ellos figuran edificios antiguos levantados antes de normas antisísmicas modernas, construcciones de concreto sin refuerzos adecuados, muros pesados no estructurales, plantas bajas abiertas usadas como garajes y estructuras ubicadas sobre suelos que amplifican la vibración.
También se menciona un punto políticamente sensible: varios complejos residenciales del norte de Venezuela fueron construidos rápidamente durante años de altos ingresos petroleros, cuando el chavismo impulsó grandes programas de vivienda como muestra de gestión social.
La pregunta ahora es si esas obras cumplieron realmente con estándares técnicos capaces de resistir un terremoto de gran magnitud.
El riesgo de los edificios que colapsaron “como acordeón”
Una de las imágenes más repetidas tras los sismos fue la de edificios que cayeron piso por piso, como si se aplastaran sobre sí mismos.
Ese tipo de colapso, conocido popularmente como efecto “acordeón”, suele estar asociado a fallas graves en estructuras de concreto, mala conexión entre columnas y vigas, falta de acero de refuerzo moderno o niveles inferiores demasiado abiertos.
Expertos en ingeniería sísmica advierten que este patrón es especialmente mortal porque reduce rápidamente los espacios de supervivencia dentro de los edificios.
Las “plantas blandas”, otro factor de riesgo
Otro problema señalado por especialistas es la presencia de las llamadas plantas blandas.
Se trata de edificios con espacios abiertos en los pisos inferiores, como estacionamientos, locales comerciales o áreas sin suficientes muros estructurales. Cuando ocurre un sismo fuerte, esos niveles pueden fallar primero y provocar el colapso progresivo del resto de la estructura.
En Venezuela, este tipo de diseño es frecuente en zonas urbanas y costeras. Si se combina con suelos blandos, falta de mantenimiento y mala calidad constructiva, el riesgo se multiplica.
El doblete sísmico agravó la destrucción
Los expertos también subrayan que Venezuela no sufrió un solo terremoto, sino dos eventos potentes en secuencia.
Ese fenómeno, conocido como doblete sísmico, puede aumentar la destrucción porque el primer movimiento debilita estructuras y el segundo las golpea cuando ya están comprometidas.
La comparación más cercana es el desastre de Turquía y Siria en 2023, donde dos terremotos consecutivos provocaron una tragedia de enormes dimensiones.
En Venezuela, ese doble impacto habría sido determinante para que edificios ya vulnerables terminaran desplomándose.
El chavismo y la promesa habitacional bajo escrutinio
La Gran Misión Vivienda fue presentada durante años como una de las mayores conquistas sociales del chavismo.
Hugo Chávez la impulsó después de emergencias por lluvias, deslaves y déficit habitacional. Nicolás Maduro la mantuvo como propaganda política, con anuncios de millones de viviendas entregadas y actos oficiales transmitidos por televisión.
Sin embargo, los terremotos abren una pregunta incómoda: cuántas de esas viviendas fueron construidas con controles técnicos reales, cuántas recibieron mantenimiento adecuado y cuántas fueron levantadas más para cumplir metas políticas que estándares de seguridad.
La tragedia no prueba por sí sola que todos los edificios de la Misión Vivienda estuvieran mal construidos. Pero sí obliga a revisar con transparencia qué estructuras fallaron, quién las construyó, con qué materiales, bajo qué supervisión y si cumplían normas antisísmicas.
Edificios nuevos también colapsaron
Uno de los elementos que más preocupa a los especialistas es que no solo se derrumbaron inmuebles antiguos.
También se reportaron daños severos y colapsos en construcciones más recientes, lo que aumenta la sospecha sobre la calidad de algunas obras levantadas en las últimas décadas.
Tras el terremoto de Caracas de 1967, Venezuela actualizó sus normas de construcción. Pero el problema, según expertos, es que no está claro cuántos edificios fueron adaptados, cuántos nuevos cumplieron realmente los códigos y qué tan rigurosa fue la fiscalización estatal.
Una crisis que va más allá del terremoto
La devastación sísmica llega a un país ya golpeado por años de deterioro económico, falta de mantenimiento urbano, corrupción, fuga de profesionales, colapso de servicios públicos y debilitamiento institucional.
Ese contexto agravó la emergencia. En varias zonas afectadas, vecinos y voluntarios tuvieron que excavar entre los escombros con sus propias manos ante la falta de equipos pesados y respuesta inmediata suficiente.
La destrucción de viviendas también genera una segunda tragedia: miles de familias que sobrevivieron al sismo ahora no tienen dónde dormir, ni certeza de cuándo podrán regresar o si sus edificios deberán ser demolidos.
La pregunta que debe responder el régimen
El desastre dejó una pregunta central para las autoridades venezolanas: ¿por qué tantas edificaciones no resistieron?
La respuesta no puede limitarse a la fuerza del terremoto. Expertos ya señalan fallas estructurales, debilidades constructivas, malas prácticas, suelos vulnerables y falta de cumplimiento o actualización de normas.
La Gran Misión Vivienda, símbolo propagandístico del chavismo durante más de una década, queda ahora bajo una lupa incómoda.
Los edificios que debían representar protección para los sectores más pobres terminaron, en muchos casos, convertidos en escombros.