El científico y opositor cubano Oscar Casanella enfrentará el próximo 24 de junio una audiencia clave ante una corte de inmigración en Miami, en la que se decidirá si recibe asilo político en Estados Unidos o queda expuesto a una posible deportación a Cuba.
La fecha coincide con el cumpleaños de su hijo mayor, lo que añade una carga emocional al difícil momento que atraviesa el activista y su familia.
Entre la esperanza y el riesgo
Casanella, bioquímico de profesión y exprofesor de Inmunología de la Universidad de La Habana, teme por su seguridad en caso de ser devuelto a la isla. “Si me deportan, mi vida corre peligro”, aseguró en declaraciones recientes, recordando años de represión, vigilancia y amenazas por parte de la Seguridad del Estado cubana.
En 2021, tras pasar meses bajo arresto domiciliario y constante hostigamiento, decidió abandonar Cuba junto a su esposa —embarazada entonces— y su hijo. En enero de 2022 ingresó por la frontera sur de Estados Unidos, en El Paso, Texas, y solicitó protección internacional. Sin embargo, su situación migratoria quedó en un limbo: fue liberado con un formulario I-220A, sin acceso al parole humanitario ni posibilidad de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.
El activista también ha denunciado la paradoja de que represores del régimen cubano logren establecerse en Estados Unidos con relativa facilidad, mientras que opositores como él enfrentan obstáculos burocráticos. “Es inadmisible que quienes nos reprimieron vivan en libertad aquí y nosotros, sus víctimas, sigamos desprotegidos”, lamentó.
Una historia de persecución
La trayectoria de Casanella como activista es bien conocida dentro y fuera de Cuba. Sus vínculos con el grupo de rock contestatario Porno para Ricardo y con opositores como Ariel Ruiz Urquiola y Gorki Águila lo convirtieron en blanco de la represión a partir de 2013. Además, ha denunciado episodios de hostigamiento en el extranjero, como el interrogatorio que sufrió en 2017 en el aeropuerto de Santo Domingo por parte de presuntos agentes del régimen.
Ahora, desde el sur de Florida, confía en que su historial de persecución sea reconocido por la corte. “Solo quiero justicia y la oportunidad de rehacer mi vida en libertad junto a mi familia”, afirmó.
El caso de Casanella ilustra los desafíos del sistema migratorio de EE.UU. y las dificultades que enfrentan los verdaderos exiliados cubanos tras la represión desatada por el régimen tras las protestas del 11 de julio de 2021.