Quiero aclarar que los cubanos llamábamos bodega a una tienda que vendía todo tipo de comestibles menos vegetales y carnes frescas.
Para continuar, suscribite a americateve. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEQuiero aclarar que los cubanos llamábamos bodega a una tienda que vendía todo tipo de comestibles menos vegetales y carnes frescas.
Por lo general eran propiedad de chinos o españoles.
Estas tiendas florecían en La Habana en grandes cantidades, muchas veces habían dos o tres en la misma cuadra y todas hacían negocio muy bien.
Era costumbre de las amas de casa comprar lo que hacía falta para la comida del día, no se almacenaban alimentos en las casas. Me acuerdo que mi mamá me mandaba a la bodega con una listica de lo que hacía falta para lo que iba a cocinar ese día, o si no llamaba la orden por teléfono y se lo llevaban a casa. La bodega estaba en los bajos de la casa y habían cuatro más a una cuadra de distancia.
La carne se compraba en la carnicería, que teníamos una al doblar de la esquina.
Palomilla $0.45 lb.
Falda para sopa 0.25 lb.
Filete. $0.60 lb.
Picadillo de primera $0.45 lb
Picadillo de segunda $0.25 lb.
Los vegetales se compraban en los puestos de frutas mayormente de chinos los cuales hacían un helado de orejones y de demás frutas riquísimos a $0.05 la bola de helado.
La leche la traía el lechero diariamente.
Los pollos y los huevos los comprábamos en la pollería de Pedrito el pollero que estaba en la acera de enfrente. Los pollos te los vendían vivos, los mataban y los preparaban listo para cocinar, sabían muy ricos. Los huevos eran de yema rojita. Una vez ya en tiempo de Fidel Castro, un matrimonio mayor muy fino, que vivía al lado de mi casa,
el señor se quiso hacer el pícaro y escondió los seis huevos que le tocaron en la libreta de racionamiento en una ventana y se puso en la cola para que le dieran seis más y cuando llegó ya se habían acabado, cuando fue a buscar los que había escondido se encontró que se los habían robado, cuando se lo dijo a su esposa la señora se insultó y no pudo más, se paró en el balcón del primer piso gritando “abajo Fidel Castro, me voy a cagar en el corazón de la madre del que le robó los huevos a mi marido”, muy gracioso pero refleja la tensión tan grande en la que se vive en Cuba con la carestía y opresión.
Existía el crédito. Cuando no tenías dinero pedías que te fiaran o que te lo apuntaran y pagabas después. Muchas veces de forma jocosa decíamos “apúntamelo en el hielo”.
En Cuba nadie se quedaba sin comer antes del 1959.
Suscribite a nuestro Newsletter