Seis décadas después de eliminar el profesionalismo y proclamar “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”, la Federación Cubana de Béisbol (FCB), en un hecho inédito, convoca a jugadores rentados a la selección nacional.
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SUSCRIBITESeis décadas después de eliminar el profesionalismo y proclamar “el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava”, la Federación Cubana de Béisbol (FCB), en un hecho inédito, convoca a jugadores rentados a la selección nacional.
Así de desesperados están los directivos de la pelota nacional, que aprovechan la mediocridad moral de algunos peloteros, para tratar de reforzar en alguna medida un equipo que estaba condenado a un rotundo fracaso en el V Clásico Mundial de Béisbol (WBC), que se jugará en marzo del 2023.
Mediocridad moral que incluye una alta dosis de oportunismo, pues, con las excepciones de Luis Robert y Yoan Moncada, ambos de los Medias Blancas de Chicago, el resto son hombres que, en circunstancias normales, no tendrían espacio, por su calidad, en una selección con los mejores peloteros posibles.
Simplemente, se montaron en una guagua que pasó por su lado de casualidad y como dóciles esclavos, regresan al seno del amo, del cual habían logrado escapar años atrás, y que, en su momento, los llamó traidores, desertores y vendepatrias, entre otros despectivos términos.
¿No hay nadie que le explique a Céspedes que fue precisamente la política de la dictadura la que le impedía cumplir ese “sueño”?
Es el régimen el que ha obligado a los jugadores a tener que escapar de delegaciones o a tomar el riesgo de salir de la isla en una embarcación, en lugar de tener la libertad de exponerse ante los cazatalentos en su propio país, para luego firmar sin ataduras con las organizaciones profesionales.
Hay hombres que no merecen ser libres, pues sus mentes siguen atadas por siempre a un grillete.
La reciente convocatoria –y consiguiente aceptación de algunos jugadores- desmontó de golpe y porrazo el discurso oficialista con que la FCB trató por años de ignorar el deseo de los fanáticos cubanos de tener un equipo “unificado”.
Entonces, no era Estados Unidos, no era “el bloqueo”, el que lo impedía.
Era la arrogancia de un régimen que ha tenido que tragar en seco todo su orgullo, muy probablemente, a partir de la presión que le puso la creación en Miami de la Asociación de Peloteros Profesionales Cubanos (ACPBP), que lanzó la idea de presentar un equipo libre e independiente en el WBC.
¿Y qué va a pasar, una vez que termine el WBC, con estos peloteros que, según dicen, jugarán para el pueblo cubano?
¿Podrán los fanáticos de la isla disfrutar por la televisión cubana los juegos de los Medias Blancas para seguir viendo a Robert y a Moncada?
¿O tendrán que esperar otros cuatro años para volver a saber de ellos, mientras la dictadura vuelve a lanzarlos al olvido y el ostracismo?
Y no me vengan a poner como excusa los derechos de trasmisión, que si algo sabe hacer bien la TV cubana es robar señales mejor que los Astros de Houston.
Con estas patadas de ahogado para echarle mano a cuanto pelotero amoral se ha prestado para esta jugarreta, la FCB ha echado a andar una bomba de tiempo que puede explotarle en la cara.
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