Tras el enfrentamiento armado ocurrido en aguas de Villa Clara, la dictadura cubana activó de inmediato un término con fuerte carga política: terrorismo.
En el centro de esa narrativa aparece Amijail Sánchez González, uno de los seis detenidos tras el tiroteo en Cayo Falcones y un nombre que, según las autoridades, ya figuraba desde julio de 2025 en la llamada Lista Nacional de Terroristas.
El vocero oficialista Humberto López recordó que Sánchez —a quien identificó con el alias “El Lobo”— fue incluido en esa lista el 9 de julio de 2025.
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¿Qué es la Lista Nacional de Terroristas?
La lista, presentada por La Habana ante la ONU, se sustenta —según el régimen— en la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad y en el marco jurídico interno cubano.
Sin embargo, no se han presentado públicamente pruebas independientes ni acceso a documentos judiciales completos que respalden esas acusaciones.
El tiroteo en Cayo Falcones
Según el Ministerio del Interior de Cuba (MININT), una lancha rápida con matrícula de Florida fue detectada a una milla náutica al noreste del canalizo El Pino.
La versión oficial sostiene que:
La embarcación transportaba 10 personas armadas.
Desde la lancha se abrió fuego contra Tropas Guardafronteras.
Cuatro hombres murieron.
Seis resultaron heridos y fueron detenidos.
Entre los fallecidos fue identificado previamente Michel Ortega Casanova.
Hasta el momento, no existen imágenes verificadas ni versiones independientes que confirmen los detalles del enfrentamiento en alta mar.
Armas y acusaciones
El régimen afirma haber ocupado:
Fusiles de asalto
Armas cortas
Artefactos incendiarios artesanales
Chalecos antibalas
Mirillas telescópicas
Uniformes de camuflaje
Además de Sánchez, también fueron arrestados:
Leordan Enrique Cruz Gómez
Conrado Galindo Sariol
José Manuel Rodríguez Castelló
Cristian Ernesto Acosta Guevara
Roberto Azcorra Consuegra
Y en territorio cubano fue detenido Duniel Hernández Santos, señalado como presunto colaborador.
Un caso bajo disputa narrativa
El episodio ocurre en un contexto de alta tensión política entre La Habana y sectores del exilio en Florida.
Mientras el gobierno cubano enmarca el incidente como un intento de infiltración terrorista, voces del exilio cuestionan la versión oficial y reclaman transparencia.
La etiqueta de “terrorista” aplicada a Amijail Sánchez refuerza el encuadre político del caso y lo inserta en la narrativa histórica de confrontación entre Cuba y Estados Unidos.