fue elegido nuevo presidente de Argentina. El alcalde de la Ciudad de Buenos Aires se impuso por un claro margen en el ballotage que lo enfrentó con Daniel Scioli, el hombre designado por la mandataria Cristina Kirchner para intentar retener el poder. Asumirá la primera magistratura el próximo 10 de diciembre.
Macri, quien representó a la coalición opositora Cambiemos, ganó en la segunda vuelta electoral y desterró de la primera magistratura al Frente para la Victoria (FPV) el partido político fundado por el matrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, quien mantuvo el poder durante doce años, luego de una crisis política y económica severísima que conmovió al país en los primeros años del siglo.
Bajo ese sello, FPV, la mandataria argentina impuso a Scioli, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, como su propio candidato. Sin embargo, el apoyo dado por la presidente y por todo el aparato político de ese distrito -el más importante en votos y en presupuesto- no fueron suficientes para contrarrestar el malestar generado en la sociedad durante los cuatro últimos años.
Ese malestar no pudo ser disuadido por el candidato oficialista, quien bajo la sombra deCristina Kirchner, no logró conquistar a una masa de electores defraudados por una corrupción descontrolada, falta de respuesta en materia de seguridad, un dramático crecimiento del narcotráfico en los distritos más populosos, una economía desordenada e índices de inflación alarmantes que golpearon el salario de los trabajadores y de la clase media argentina durante gran parte de la administración saliente.
En octubre pasado, los números sorprendieron a ambos partidos. Con la elección ya en su recta final, el electorado equilibró la balanza. Scioli cosechó el 37.08%, en tanto que Macri superó las expectativas de propios y extraños: 34.15 por ciento. Ambos debían volver a enfrentarse en un histórico e inédito ballotage. Pero la percepción que flotaba en el aire era que el "cambio" era inevitable. "Cambio" fue justamente el eslogan que inundó la campaña del jefe de Gobierno porteño.
Ese día, y pese al estrecho triunfo del FPV, la jornada estuvo marcada por la victoria deCambiemos en la Provincia de Buenos Aires, el bastión gobernado por Scioli e históricamente simpatizante del partido oficialista. Esa derrota configuró un golpe imposible de asimilar para Cristina Kirchner y para el propio candidato presidencial oficialista.